miércoles, 25 de febrero de 2009

La blanca Aurora
















Aurora y su pequeño hijo acaban de recorrer cinco mil quinientos kilómetros. A pie. La caminata les ha llevado cinco meses. Poco tiempo para tan larga distancia. Nunca supo ni sabrá por qué lo hizo, tan solo emprendió el viaje una mañana de intenso frío y viento aullador que golpeaba con pequeñas esquirlas en sus ojos tratando de borrar del horizonte el camino a seguir. Y desde ese día ya no echó la vista atrás. Borró de su memoria las geografías de otros tiempos y el pasado, las viejas reminiscencias, los fugaces amoríos, los grandes festines, los días de hambre, el espanto inmenso de una soledad sostenida por su propia condición, y se entregó expectante a los avatares de la nueva ruta, mirando al suelo y al cielo tras cada paso y sintiendo el cercano aliento de su hijo como una tenue y candorosa llama que ponía algo de luz en la existencia y el paisaje. Así, siempre pendientes el uno del otro y amontonando los cuerpos como si fuera uno solo en cada descanso, fueron pasando las noches y los días, días que parecían noches y noches con alma de día. Cruzaron ríos impetuosos, orillaron inmensos lagos, bordearon montañas, inventaron caminos, imaginaron gigantes en la lejanía, cambiaron, como los vientos, miles de veces de dirección, intuyeron el alimento a decenas de kilómetros, durmieron a la intemperie, soñaron en blanco y sin sobresaltos, contemplaron extrañas luces que encendían los cielos sin alterar el silencio, ignoraron los intensos rojos del amanecer o atardecer sin importarles quién era quién, jugaron sin venir a cuento en medio de la ventisca, evitaron cruzarse con otros viajeros, compartieron el alimento, asumieron desde el primer paso la misión de cada uno, hicieron suyas todos los paisajes y las tierras que pisaron, despreciaron la distancia recorrida, ignoraron la muerte, y jamás sintieron el más mínimo atisbo de melancolía.
En el último día del quinto mes, tras alcanzar la increíble cifra de cinco mil quinientos kilómetros recorridos, Aurora y su hijo decidieron no dar un paso más. Se recostaron el uno sobre el otro en uno de los huecos del camino imaginario y ya no se olió más a vida.
Veinte días después, alguién venido desde muy lejos, se acercó hasta ellos con el mal augurio rondándole en la cabeza. Al presentir la cercanía, Aurora y su hijo se levantaron como si nada y se fueron alejando poco a poco de tan osado visitante, iniciando, una vez más, otra de sus nuevas travesías. Mientras se desvanecía la figura de ambos en la distancia, el observador dejó caer dos lágrimas que se congelaron inmediatamente sobre sus mejillas.
Aurora es una osa polar provista de un collar de seguimiento. Su hijo, evidentemente, aún no tiene necesidad de llevarlo.

viernes, 20 de febrero de 2009

Amor electromagnético.


Esta es la mujer más guapa del mundo. Y probablemente la más sensual también. Lo digo yo, no las revistas ni los cánones estereotipados sobre la belleza. Tampoco aparece -me temo- en el último mamotreto que Umberto Eco ha vomitado sobre la esencia de las cosas bellas. Pude verla durante veinte minutos, un lapso más que suficiente para no errar en los cálculos ni entonces ni ahora que ya ha pasado más de un año. La observé desde todos los ángulos posibles con la complicidad juguetona del enfoque de las cámaras. Ellas y yo parecíamos confabulados en la recreación del juego geométrico de las perspectivas. Y todos los ángulos parecían el adecuado. Ni lado malo ni oscuro, solo la luz de la belleza tranquila, sosegada y plena, como un inmenso mar detenido entre los naranjas del atardecer. De sus enormes ojos, irritantemente negros, brotaba una mirada cargada de mirada, un rayo denso de luz oscura capaz de trastornar lo imperturbable. Su boca, bien delimitada y carnosa, me remitió enseguida a las ensoñaciones de Picasso cuando decía que la boca de una mujer guarda siempre una estrecha relación con la forma de su vulva. Y no era esta última forma la que, por obviamente innecesaria, merecía la pena imaginar ahora. Bastaba con su sonrisa, entre la inquietud y el sosiego, la timidez y el pudor, así, como Dios manda, una y otra vez, sin veleidades, ostentaciones o tapirujos, enamorando a diestro y siniestro sin ninguna voluntad puesta en juego, dejándose llevar tan solo por la corriente arrebatadora de tanto encanto interior y belleza que brotaba impetuosa desde sus propias entrañas. Cuando habló me pareció igual de bella: las palabras precisas, el timbre de voz dulce y firme, de persona con principios, el gesto siempre comedido y adecuado y una rotunda feminidad en cada pronunciamiento. ¡Una maravillosa calamitá! pensé al ver alli, a tanta distancia, todos los pedazos de ella unidos en un todo espléndido, glorioso e inalcanzable.
De vez en cuando la veo y siempre vuelvo a sentir esta loca fascinación. Yo sé que, como las brujas, haberlas haylas, y parecerá risible y gilipollesco, pero al cabo de cincuenta años, me he vuelto a enamorar. La primera vez fue al tocar la puerta de la vecina cuando yo tenía seis años, y ahora, la segunda, ha sido con el vodka en una mano, el chocolate en la otra, la mirada fija en el televisor y una extraña felicidad en lo más profundo de la conciencia.
Se llama Mari Gracie Cuccinotta. Ex modelo y actriz italiana.

martes, 17 de febrero de 2009

"How can you mend a broken heart"






La vida y discografía de Bee Gees, magníficamente resumida en un programa televisivo que pude ver no hace mucho, me fue remitiendo con cada canción desde sus primeros pasos, a esos otros de mi vida cuyos recuerdos cabalgan siempre a lomos de alguna música.
Fue en la cafetería del hotel Indálico, en aquellas tardes ventosas de invierno a principios de los 70, donde solíamos refugiarnos Luis L. y yo con las novietas del momento y el sonido tristón de "I´ve gotta get a message to you" o "Massachussetts". Luis había leído días antes La naúsea de Sartre, y había sufrido en sus entrañas el poderoso influjo del vacío existencialista. Llegó a confesarme, con emoción y una mirada extraña, que tal vez fuese el suicidio la única puerta a la liberación integral del individuo. Yo estaba aterrado. Días más tarde leí algunas partes del libro buscando argumentos para contrarrestar su opinión, pero entonces me sentí razonablemente solidario. Cerré el libro y no lo volví a coger nunca más. Dos años más tarde nos fuimos a la Universidad.
Aquella Granada del año 72 aún rezumaba misterio y aventura para un pasmado estudiante llegado desde el barrio de las cien casas de la calle Paco Aquino. Fue el año del desamparo y de la responsabilidad, el de las añoranzas y las nuevas melancolías, pero también el año de los nuevos horizontes y las primeras putas. Uno de mis años heroicos. Como en aquellas otras tardes del hotel Indálico de Almería, me refugiaba ahora, una y otra vez, en una cafetería de cuyo nombre quisiera acordarme que se encontraba enfrente de la Residencia Universitaria Carmelitana, y allí intentaba enjuagar la distancia y el recuerdo de maltrechos amoríos escuchando en la máquina de discos "How can you mend a broken heart". Aún hoy, me pone los pelos de punta. ¡Cuánto puede hacer la música por uno! Tras escucharla dos, tres, o cuatro veces, regresaba a mi celda en aquella Residencia de esbozo de carmelitas y, junto a la ventana, abria los libros y los apuntes aparentando estudiar. Y así, un día tras otro, entre los Bee Gees y el resto de las canciones que brotaban sin cesar del radiocasette Panasonic comprado a la sombra del Gurugú. Un arma providencial para la supervivencia de aquel año. Eran los tiempos agónicos de la dictadura y había que estar atentos. Los estudiantes siempre fuimos un foco de resistencia y por eso nos esperaban muchas veces, a la puerta de la Facultad, aquellas manadas de grises para pedirnos autógrafos. Siempre disfruté con las carreras. Aquellos payasos blandiendo las porras intentando golpear la sinrazón, me hacían reir a la par que corría más que ellos. Luego lo comentábamos en pequeño comité a las dos de la madrugada en una de las habitaciones. Era la hora de las tortas, las de comer, las que sacaban ardiendo en la panadería de la esquina y que comprábamos con la complicidad de algún transeúnte al que le echábamos el dinero y un cubo con una cuerda desde la terraza de un primero. Entre las grandes añoranzas de mi vida se encuentran el aroma y el sabor de aquellas tortas, el goloso contrapunto a cada jornada salpicada de miedos y desajustes.
Con los años, fui moderando las emociones. Al final de la carrera, bailaba en la discoteca Streissis al son de "Stayin alive" y "Saturday Nigth Fever", alejado de aquellas primeras pesadumbres y con la vista muy fija en algún culo que destacara sobre los demás. Pero sobretodo feliz por la inminente culminación de una etapa que, finalmente, rendía fiel tributo a un esfuerzo impagable: el de unos padres que fueron los verdaderos artífices de aquella travesía por el desierto, siempre al filo del abandono.
Más tarde, con el olor a azahar del Albaicin y los trasnochos sacromonteños del Camborio ya en la frontera del olvido, irrumpían de nuevo aquellos músicos incombustibles afanados, como siempre, en proveernos de emociones musicales: "Tragedy" y "Wish you were here" estuvieron sonando en los tiempos del acomodo al desacomodo familiar, los tiempos de la inopia y del caminante moleriano imaginario, el de las muchas vueltas sin abandonar el círculo por temor a lo que pudiese haber fuera. Los tiempos del soñador clandestino. O viceversa.
El programa sobre los Bee Gees finalizó con "I surrender", un precioso y oportuno tema, pensé, para entroncarlo con los tiempos actuales. Estamos en la era de la supervivencia, del desplome indiscriminado, ya sea de un rascacielos, o de las Bolsas, o de un puñado de corazones hambrientos o solitarios. ¡El milagro de la modernidad! Martin Luther King supo definirlo y augurarlo: "Nuestro poder científico ha sobrepasado nuestro poder espiritual. Hoy tenemos misiles dirigidos y hombres desviados". "I surrender" sonaba la otra noche y yo me refugiaba en sus acordes premonitorios curiosamente igual que lo hacía con "How can you mend a broken heart" treinta y tantos años antes. Entonces, sumido en esa intemporalidad, volví a pensar: ¿Para qué sirve el tiempo sino para hacer desaparecer a todos los que no formamos parte de él?
Ahora los Bee Gees ya no son tres sino dos. Maurice murió en 2003. Y es que los músicos, como sus guitarras, jamás envejecen. Tan solo llega un momento en que, de repente, nos abandonan dejando huérfanas una parte de nuestras emociones, esa parte que tantas veces nos ha ayudado a sobrevivir.




jueves, 5 de febrero de 2009

Dios, Chesterton y Educación para la Ciudadanía.

Umberto Eco comentó en uno de sus artículos en La Repubblica en 2003 que "la exhibición de símbolos sagrados en las escuelas no determina la evolución espiritual de los alumnos", y a uno que anda ya con la mosca tras la oreja por los años, los desencantos, y la estructura maniquea de nuestra nueva sociedad, le ha venido a la cabeza el folklore suscitado por la asignatura Educación para la Ciudadanía.
Desde luego este País nuestro es algo peculiar. España siempre ha sido diferente: tan beata y carca como transgresora, tan inculta como soleada, conspiradora y sumisa, llevando a la par el orgullo y la vergüenza a las espaldas tantas veces como guerras ha sufrido o ha buscado. Pero ahora, en plena y sospechosa Modernidad, se ha vuelto también maniquea, el bien y el mal enfrentados a lomos de una cuchilla, sin otros escenarios intermedios. Tal es el planteamiento que unos y otros propugnan ante la nueva puesta en escena de Educación para la Ciudadanía. Confieso que yo nunca lo habría sospechado. A mi me educaron mis padres y el colegio de La Salle en las proporciones y estamentos que a cada cual les correspondía, a pesar de los deslindes y las intromisiones que ambas escuelas -conniventes y adecuadamente entroncadas entonces a juzgar por los resultados actuales-pudieran establecer en momentos puntuales.
La palabra adoctrinar, cuyas dos acepciones más extendidas son enseñar una doctrina y aleccionar a alguién sobre la forma en la que ha de comportarse, está siendo convertida en un tendencioso y ya casi aburrido grito de guerra en los medios. Todos los que están en contra de la asignatura se la han adjudicado con usura convirtiendo a los que la han puesto en marcha en algo así como una secta, un poder maligno y tendencioso que pretende ignorar a los padres y "adoctrinar" sospechosamente a los hijos. En verdad que los muchos años transcurridos desde que dejé de ser niño pensaba que nos conducirían a despejar el horizonte en estas y otras cosas, pero al final voy a terminar creyendo en ese viejo Principio de la Tradición a través del cual con el transcurso de la Historia no nos acercamos más a la verdad sino todo lo contrario, y de ahí la fascinación de los grandes pensadores por los Clásicos. La culpa es del mensajero que pensarán los escépticos, y yo digo que la culpa es de las máscaras. Si nos despojáramos de ellas, las aguas vendrían a su cauce. Partiendo de esto, toda la lucha dialéctica suscitada es una simpleza inútil. Educación para la Ciudadanía es el enfrentamiento de la Iglesia con el laicismo, de la Oposición con el Gobierno, del PP contra el PSOE, de los conservadores contra los progresistas, de Saenz de Santamaría contra Fernández de la Vega, de los beatos contra los ateos, de los creyentes contra los no creyentes, en definitiva es la propia esencia de la cultura maniquea: el bien contra el mal sin otra posibilidad de lenguaje. O viceversa. Y mientras, los hijos siguen jugando a la Gamen Boy o como se llame y comiendo hamburguesas con patatas fritas al tiempo que se apertrechan de desprecio y rebeldía ante la Institución intentando emular una vez más la actitud chulesca de unos padres que aconsejan más el puntapié que la cordura. Son todos esos que van gritando por las calles que el Estado está intentando adoctrinar a sus hijos, y ellos, como padres responsables y fervientes defensores de los principios fundamentales de otros tiempos y colores, pretenden evitar el tremendo desatino. Es verdad que unos padres tienen derecho a educar a sus hijos, pero si no están de acuerdo con los Planes de Enseñanza, que no los lleven a la escuela. Es así de fácil por molesto que parezca. Los españoles sabemos mucho de derechos y algo menos de obligaciones. El derecho a objetar es como tantos otros uno más en las sociedades democráticas, pero poner algunos puntos sobre las íes o no estar de acuerdo con algunos planteamientos, no da derecho a interrumpir, a enardecer, a proferir insultos y acusaciones y finalmente a hacerle ver a nuestros hijos que Educación para la Ciudadanía y por extensión toda la Enseñanza -porque así es como esos hijos lo van a tentender- se encuentran bajo sospecha. ¿Qué tendran que ver nuestras viejas reminiscencias y nostalgias ideológicas con la Universidad y los Institutos de Enseñanza de estos tiempos? Me apunto a la idea de que la Enseñanza en este País arrastra desde hace tiempo una cadena de fracasos y que todos sabemos que andamos en el furgón de cola del continente, pero si en medio de esa marea nos asusta que se les hable de educación a los hijos, de normas de comportamiento, de solidaridad, de los riesgos en las relaciones sexuales, y de la aceptacion de una sociedad multiracial y multicultural, ¡apaga y vámonos!
El poder de unos padres jamás se podrá comparar al discurso de un profesor o al contenido de una asignatura, pero si a éstos los sentamos en el banquillo de los acusados, pobre futuro nos espera. La realidad es que todos los que están haciendo ruido llevan la máscara puesta para ocultar otras intenciones: el desmembramiento de la sociedad, los virtuosos a un lado y los miserables al otro, los nuevos cruzados contra lo imposible, el pataleo en definitiva para joder de alguna forma al que no nos gusta como piensa y como actúa. Y todo en nombre de Dios y de los niños, porque detrás de todo ello se esconde el resentimiento por ver a la religión descabalgada de su lugar de privilegio.
Yo soy católico, y por lo tanto, no me molesta ni la religión ni los símbolos cristianos en las escuelas o en las casas, pero algunos padres, alineados también con cierta ideología, están equivocando los papeles y, contra su propia acusación y medio cegados por la máscara, aún parecen no haberse dado cuenta de que los auténticos adoctrinadores son ellos mismos olvidando también que cuando se escupe hacia arriba te cae siempre en la cara. Tal vez, todo sea una cuestión de interpretación. Ya lo decía Nietszche, que no hay hechos sino solo interpretaciones, aunque en este caso, el momento no sea propicio, el escenario esté lleno de conflictos, y el sujeto, el actor, sea a la postre el que va a pagar los platos rotos. Y es que como decía también Chesterton, cuando la gente ya no cree en Dios, no es que ya no crea en nada, sino que cree en todo. Incluso en los medios de comunicación.

domingo, 1 de febrero de 2009

Me voy a la escuela

Repentinamente, se levantó y echó a andar dirigiéndose con pequeños pasos acelerados y tambaleantes hacia la calle. "¡Joaquin, Joaquin! ¿Donde vas?" gritaron alarmados todos los presentes que corrían hacia él para sostenerle. "Me voy a la escuela" contestó con la misma urgencia del que llega tarde. Instantes después le detuvieron y le llevaron cogido por los brazos hasta el sillón donde literalmente había pasado los últimos seis o siete años, entre tosidos y recuerdos de juventud, tarareando sin parar atonados e indescifrables cánticos de remotos recuerdos cuya melodía incesante parecía tributar un requiem a la constatación de su dilatada vida. El día anterior, cuando le conducían hacia el dormitorio, pasó delante del espejo de la puerta de un armario y entonces giró la cabeza torpemente intuyendo una nueva presencia. Cuando se vio al otro lado, abrió exageradamente los ojos y dijo " ¡Cucha! ¡Ese es mi padre!" y ya no dijo nada más hasta el día siguiente. ¡La imagen del progenitor reflejada en uno mismo! ¡Qué extraños ingredientes afectivos! ¿Qué habría pensado él viéndose tan cerca del que le había dicho adiós cincuenta años antes? Cuesta creer que los viejos ya no sienten ni consienten cuando se ven enfrentados a la resurrección instantánea de personas queridas y de recuerdos en medio de los flases punzantes de su dramática realidad, ésa de la que nunca logran despegarse a pesar de las ensoñaciones y los desvaríos. Y cuesta creer también que la sensiblería y la capacidad para sufrir se haya ido apagando y encorvando como sus cuerpos, esos objetos deformes que como las cosas que estorban, a veces no sabemos donde ponerlos, y así pululan de aquí para allá, ahora te toca aquí y mañana te toca allí, y casi siempre, como el arpa, deslucen en el rincón más olvidado.
No es el caso de Joaquín. Él brilla por sí mismo en el rincon más luminoso de la estancia mientras su mujer cose y los demás leen el periódico. Por eso también canturrea, porque sabe que hay oyentes a su alrededor, aunque ya se muestren confusas y rebeldes todas las identidades ¡Qué más da si éste es este o es aquel! "Lo que importa es la Polar"como decía una de aquellas consignas trasnochadas de la OJE, y eso mismo es lo que él sabe y se sabe, querido, arropado, y resignado junto a los que le rodean con su inminente final. Por eso mismo pretendió la otra mañana propinarle un puntapié a su destino levantándose él solito y diciendo "Me voy a la escuela", la escuela, supongo ya del retorno, la herencia lícita y amarga de lo trascendente a punto de ser desvelado.
Algunas veces, Joaquín no conoce ni a sus hijos, pero a mí, a Juanico, como él me llama, siempre me conoce. Por eso y por otras cosas, he querido recordarle ahora que aún le podemos palpar las arrugas y escuchar con cara de aburridos sus continuos tarareos.
Joaquín es mi tio y tiene 97 años.

lunes, 26 de enero de 2009

Héroes a la vuelta de la esquina


Dicen que los nuevos héroes son aquellos que consiguen vivir en un mundo donde las cosas suceden por primera vez. El trasnochado estereotipo de la figura heroica siempre nos ha remitido a los estigmas grandilocuentes del celuloide recordando a Espartaco crucificado o a Rodrigo Díaz de Vivar dándole de beber a un leproso. La Historia, los cuentos y el cine han ido componiendo una interminable guía de héroes, el club de los elegidos por la propia voluntad de los menos indicados. Si algunos de aquellos levantaran la cabeza no dudarian en aplastarles la suya a estos otros por una intromisión tan ilícita como extemporánea, más propia de la obsesiva imaginería humana que de la concesión a las tres formas posibles de una realidad: que haya sucedido, que no haya sucedido, o que el suceso aconteciera de una forma radicalmente diferente. Todos nos hemos vestido, mirándonos al espejo de algunos sueños, de Capitán Trueno, de Alicia en el País de las Maravillas, de Huckeleberry Finn, o de Agustina de Aragón, entre otros miles. El hombre mira al hombre ignorándose a sí mismo, recelando de sí mismo, y olvidando la condición más esencial que posee: el sentido de la individualidad. Nuestra propia razón de ser ha sido voluntariamente despojada de su esencia en pro de un continuo e histórico deseo hacia el enardecimiento de los héroes intentando arrebatarles algo de su condición, como esa estampa que se lleva en la cartera haciéndonos creer que su cercanía va a proveernos de alguna santidad. Bien es cierto que la admiración es un sentimiento muy humano y muy útil para la supervivencia, pero las fuentes no siempre son fidedignas y las intenciones, cuando se untan de componentes ideológicos, están siempre bajo sospecha. ¿Imagináis a alguién que duerma con una foto de Hitler o de George Bush en el cabecero de la cama? Pues haberlos haylos y seguramente dormirán con placidez toda la noche pensando que todos los demonios andan fuera. Felipe II también colgó en su dormitorio El jardín de las delicias de El Bosco, creyendo sin duda que recluía a todos los satanases dentro del cuadro, y luego se jactaba contemplándolos menesterosos, lascivos y desvergonzados por la valiente ocurrencia del pintor de S´Hertogensbosh, ¡un héroe! que debió pensar el monarca cuando acabó comprando casi toda su obra.
Pero los tiempos cambian y con ellos el corazón de los hombres y las hechuras de los héroes. Ahora ya no aparecen en los libros de Historia, ni en los cuentos, están ahí, a la vuelta de la esquina, disfrazados de gente corriente e ignorados por casi toda la humanidad. El mundo está lleno de ellos y a muchos los conocemos sin saberlo. Se apertrechan cada día para el combate sin apenas armas ni herramientas mientras, enfrente, los demonios conspiran y maniquean para inclinar la balanza a su favor. Corren tiempos de abundancia en uno y otro bando y por eso la lucha está servida. Estamos en la era de la confrontación silenciosa. Se ha minimizado el discurso, la licitud intemporal de la palabra, para dar paso a la conspiración sonriente, a sacarle aún más punta a las ojivas de los proyectiles y a volver la vista hacia otro lado. Pero ahí estan los nuevos héroes, los auténticos, camuflados por su propia voluntad y, sin embargo, molestando y dejando por todas partes sus señas de identidad, como la mosca cojonera. ¿No los imagináis? Esas mujeres desesperadas sufriendo en sus carnes y en sus casas la permanente amenaza del maltratador, o los que llevan meses y años tocando timbres y puertas para encontrar un salario, o los que luchan en un hospital contra la muerte y la enfermedad sin perder ni siquiera la sonrisa, o los que enjuagan en silencio todas sus penas animando a otros que las padecen, o los que ponen en riesgo sus vidas para denunciar el exterminio y salvar la dignidad de los demás, o todos aquellos que cuidan enfermos y enseñan en las escuelas a miles de kilómetros de sus hogares, o los que viven solos sin amor y sin familia, o los que investigan para la salud y el bienestar sin preocuparse ni de horas ni de dias, o los que lloran a escondidas para que no cunda el ejemplo, o los que sonrien ante todas las clases de adversidad, o los que mueren por falta de agua y alimento y miran suplicantes hacia el cielo en el último estertor, y tantos y tantos que aún logran mantenerse erguidos sin perder ni la postura ni la calma.
Hay muchos y están cerca, a veces muy cerca, ahí a la vuelta de la esquina. Los héroes de los libros no pueden salir de ellos, pero los otros, los nuevos héroes, los que consiguen vivir en un mundo donde las cosas suceden por primera vez, están al alcance de la mano, a lo mejor hasta tú o yo...¡Quién sabe!

miércoles, 21 de enero de 2009

TVE Eurovisión= "Camorra mediática desorganizada"

Esos cinco músicos de la imagen de arriba, a los que un crítico oficial de TVE y miembro del futuro jurado para el evento de la selección de la canción de Eurovisión, les ha llamado repetidamente en el foro " cuarentones trasnochados sabineros"-esto último alude al especial cariño que le debe el individuo a Joaquín Sabina-, son cinco currantes con diversas profesiones que un buen día acertaron a meter en el mismo saco la amistad, los ratos libres, el cachondeo, y la pasión por la música. Y así nació Normativa Vigente un grupo musical sin más pretensión que la convivencia entre sus miembros y el disfrute con la creación e interpretación de sus propios temas en los garajes, las buhardillas o los pubs malolientes ahogados en humo y susurros. Supongo que es la misma historia de tantos y tantos grupos que pasean sus lamentos y sus guitarras de casa en casa y de calle en calle esperando que de repente alguien se pare a escucharlos. Pues bien, ocurrió que en el pasado mes de Diciembre, TVE convocó el concurso de selección para la canción de Eurovisión con un mensaje caritativo que, como el hijo pródigo, pretendía que volviesen a su regazo todos los músicos, solistas o grupos, de este País, que recogidos o desperdigados o pertenecientes al cielo o al infierno, atizaran a presentar sus propuestas musicales en medio de una verbena mediática a la que el propio ente ha sabido sacarle siempre muy buen partido. Y así, de esta golosa manera, acudieron como las moscas al pastel, muchos músicos con poco nombre y nula leyenda, y por supuesto, todos los advenedizos paridos en el risible laboratorio de Operación Triunfo. Tras mes y medio de votaciones en todo el territorio nacional con el sistema y la propia página que TVE habilitó a tal efecto, se llegó al final del plazo el pasado dia 19 de Enero a las 12 de la noche. Podemos imaginar el esfuerzo que durante todo ese periodo de tiempo llevaron a cabo los propios interesados, familiares y amigos. votando una y otra vez con la frecuencia que las propias normas de TVE permitían. Nada ni nadie podía salirse del tiesto y así se llegó al final con Normativa Vigente clasificados en 2ª posición de la categoría Pop Rock con 105.800 votos y sabiendo que se clasificaban los cinco primeros de cada categoría. Pero ¡ay, madre! que en esos momentos finales, los intereses de TVE para con sus pupilos de O.T Noelia Cano y El secreto de Alex rozaban la tragedia: ambos intérpretes habían quedado 6º y 7º respectivamente y había que actuar. Actuar como solo nosotros los españolitos untados de poder y de influencias sabemos hacerlo: con la vergüenza al hombro y la prepotencia por delante, amedrentando a diestro y a siniestro y pasándonos todas las normas por el inocente forro del escroto, procurando que el escupitajo sea lo más certero posible. Y en consecuencia sucedió lo siguiente: A Carlos Barroso que en la mañana del último dia se encontraba 3º en la clasificación lo descalificaron por la vía del cloroformo. A primera hora de la tarde de ese mismo día la Srta Viky Bolaños futura presentadora de la Gala llamó por teléfono a uno de los miembros de Normativa Vigente para comunicarle que la Organización había detectado irregularidades en las votaciones y que tenían que penalizarles con 30.000 votos, con lo cual quedarían fuera de la lista. El sorprendido batería haciendo un uso oportuno de su condición tambíen de abogado exige que le pasen con la responsable del evento, la Sra. Eva Cebrián, Directora de contenidos de RTVE e hija de Juan Luis Cebrián Presidente del grupo Prisa, que se pone al teléfono inmediatamente haciendo a su vez patentes alardes de la metodología mencionada y confirma la noticia. El abogado-batería que no se amilana "amenaza", alzando la voz aún más que ella, con que recurrirá a todos los derechos constitucionales o no, y a todos los juzgados por hediondos u oscuros que se crucen en su camino para evitar tamaña tropelía, a lo que ella contesta retándole e incitándole a la acción y dándoles por muertos. Cuando el músico finaliza la "amable" conversación diciéndole que la ha grabado toda y que va a hacer uso de ella, la Sra. Cebrián plega velas inmediatamente y en tono conciliador comenta que verá que puede hacer. Y lo que hace es lo siguiente: un día después de finalizar el plazo, se presentan los resultados definitivos, y Normativa Vigente aparece en 5º lugar con 17.000 votos menos, Noelia Cano y El secreto de Alex aparecen en 2ª y 3ª posición respectivamente, y Carlos Barroso sigue despojado de su existencia por no gritar, no amenazar y seguramte también por no ser abogado.
El pasado día 14 de Febrero se celebró la primera Gala en Barcelona en riguroso y oportuno directo para que todo el mundo pudiese disfrutar del espectáculo. Y lo que había de pasar pasó: Mélody y Noelia Cano, los pupilos de TVE, ocupando el 1º y 3º puesto respectivamente, a pesar del fiasco bochornoso de interpretación y voz de esta última; Uribarri, el "manipulador general" del jurado, haciéndoles pagar en vivo y en directo a Normativa Vigente el pataleo telefónico que les evitó ser arrojados a la cloaca unas semanas antes, y los chicos de Normativa, ya felizmente y por fin en casa, con el diploma en el culo de 8º clasificados, avergonzados por el evento y la calidad de las canciones y trayendo como más frugaz y metafísico recuerdo el de una soberbia mariscada que se despacharon ufanos, haciéndoles un guiño a las olas del Mediterráneo.Y así se escribe este cuento de hadas, insurgentes y brujas en esta España nuestra del siglo XXI. ¡Que Dios nos libre del pecado, de la inanición, de la incomprensión y de la camorra mediática desorganizada! Amén.

martes, 13 de enero de 2009

El elogio de la sombra




"La vista de un objeto brillante nos produce cierto malestar. Los occidentales utilizan, incluso en la mesa, utensilios de plata, de acero, de niquel, que pulen hasta sacarles brillo, mientras que a nosotros nos horroriza todo lo que resplandece de esa manera". Este es un párrafo de "El elogio de la sombra" de Junichiro Tanizaki (1886-1965), un ensayo sobre la condición espiritual de la estética de la sombra, escrito en 1933. Me animé a comprar el libro -por cierto en una edición de diminuto tamaño- tras la recomendación insistente de Fernando Sanchez Dragó en uno de sus programas televisivos. El novelista japonés recalca una y otra vez en la obra que la sombra no es lo opuesto de la luz sino el efecto de la propagación difusa y tenue de lo luminoso. En la casa tradicional japonesa existe un hueco, el toko no ma, donde se coloca una pintura o un jarrón con flores. La descomposición allí de la luz en sombra posee una poderosa vitalidad estética que a los orientales nunca les ha pasado por alto.
Cuando comencé a leer el libro en mi casa pensé, con la impaciencia de otras veces, que me había equivocado de lectura. ¿Qué hacía yo leyendo aquella especie de tratado que hablaba de los rincones oscuros y los objetos que decoran las casas japonesas? Atrapado en esa extraña resignación que te transmiten los libros para que no los abandones seguí leyendo y cuando dos horas más tarde llegué al final y miré en derredor, el espacio y los objetos se habían multiplicado, una nueva presencia de la que nunca había sido capaz de percatarme me rodeaba por todas partes: la de las sombras. Mi casa estaba llena de ellas, rincones en semipenumbra, objetos que solo mostraban la parte más brillante, otros proyectando caprichosas formas al incidirles la luz, el techo decorado con la sombra de las lámparas, la densa penumbra tras el marco de una puerta abierta, la legítima cara oculta en definitiva que, al igual que nosotros, deben tener las cosas y los espacios. Los orientales lo han sabido desde siempre y así han ido construyendo sus vidas y sus casas: reservando momentos y espacios para la reflexión en un ambiente cuyo principal ornamento parece ser el tributo a la oscuridad.
"Nuestros antepasados ya descubrieron un dia lo bello en el seno de las sombras, por eso mismo, la belleza de una habitación japonesa, producida únicamente por un juego sobre el grado de opacidad de la sombra, no necesita ningún accesorio. A nosotros nos gusta esa claridad tenue, hecha de luz exterior y de apariencia incierta, una penumbra que vale por todos los adornos del mundo y su visión no nos cansa jamás", continúa comentando Tanizaki. Un punto de vista que a nivel ornamental parece establecer una confrontación directa con nuestra tradicional obsesión por lo colorista, reluciente y aparatoso. y que tantas veces nos ha hecho olvidar la belleza de lo natural. "El elogio de la sombra", sin embargo, logró conducirme hacia ese mundo de los pequeños misterios del claroscuro que nos rodea, tal vez refrendado también por mi vieja fascinación por la noche, y extensible a todo lo que está oculto o no se muestra del todo, ese ferviente deseo nuestro por indagar y adivinar, llegar hasta la cara oculta de la luna o imaginar hastiados de deseo lo que se oculta tras la seda de la lencería de una mujer. Quizás no nos hayamos dado cuenta aún de que la sombra es lo evidente y la luz es indescifrable. Salvador Pániker lo describió muy bien con aquella frase: "¿Hay algo menos luminoso que Dios?".
El estremecimiento que Tanizaki siente al contemplar el espacio semioscuro del toko no ma, no es sino la magia de la sombra, el alma profunda de la realidad trivial de algo que iluminado solo sería un espacio vacío y desnudo. Para comprobarlo, entrad a una habitación a oscuras y permaneced unos instantes en silencio, podréis entonces imaginar mil mundos en su interior, pero al encender la luz todo el misterio se habrá desvanecido.

miércoles, 7 de enero de 2009

Un nuevo año más y menos.

Acaba de comenzar un nuevo año y no sé qué decir. Los optimistas y los virtuosos dirán que son momentos para la esperanza, y los millonarios andarán frotándose las manos ante las nuevas perspectivas facultadas por las circunstancias. El resto intentará sobrevivir. Un ejercicio, éste último, acuciado de dificultades por la diversidad de los frentes. Ahora no solo hay que luchar para proveer el alimento, también hay que hacerlo contra el desencanto y contra la sombra de uno mismo, tu otro yo, ese que siempre te está pidiendo cuentas e incitando a la transgresión de todo lo que otros parecen haber ordenado. ¿Adonde acudir en medio de la marea? Algunos hemos perdido esa referencia, la de las jerarquías de lo que es mejor o peor, la capacidad para intuir la amenaza y escapar del desastre por el camino más corto o menos desconocido. Y no creo que se deba a un dejarse llevar por estas nuevas corrientes que algunos hipócritas acomodados llaman de la modernidad. ¿Qué es esto de la modernidad? ¿Acaso somos ahora más felices que en tiempos de los romanos? ¿De qué nos sirven nuestros millones de universitarios si solo unos pocos se paran a leer y a pensar? Desde luego nada mejor para alejarse del pesimismo que no perder el tiempo con esas actividades otrora tan peligrosas. ¡Un nuevo año! ¿Cómo afrontarlo si somos el mismo del año anterior? No debemos esperar diferentes componendas sabiendo que vamos a reaccionar con idénticas actitudes y a la postre, dejando a un lado las incidencias, solo veremos que somos un año más viejos. Y entonces, absurdamente, lo celebramos entre guirnaldas y brindis, medio atragantados aún por las uvas como una ferviente ofrenda a la taumaturgia y el deseo, sabiendo también que tan solo son el dulce y afrutado testigo de la cuenta atrás.

¡Un nuevo año! que me dice poniendo cara de payaso sonriente mi otro yo, y sabiendo que no voy a cambiar. ¿Por qué habría de hacerlo? Vine al mundo para ser yo mismo y no el de enfrente. Y además son ya muchos años de aprendizaje, sobresaltos, retoques y reconstrucción y ahora no vamos a echar la casa abajo por más que algunas paredes se hayan levantado torcidas. ¿Quién es el dueño de la plomada? Así que seguiré recelando de los predicadores y los banqueros y despreciando a los políticos, escupitando a los nacionalistas-fundamentalistas, compadeciendo a los ignorantes por su propia voluntad, rechinando los dientes contra la mala educación, aplaudiendo a la gente lúcida, vitoreando a los independientes, agradeciendo a los artistas el aporte de emoción, vibrando con los músicos, respetando todas las creencias religiosas, alegrándome con las alegrías de aquellos que yo creo que las merecen, ignorando a los que no me aportan ni una pizca de emoción, considerando a los libros la gran caja de los sueños, soliviantándome en mitad de muchas noches, fascinándome con la belleza de algunas mujeres, deseándolas a casi todas, adorando a la familia, recordando cada día a los que ya no están, pensando en el amor, sacando fuerzas de donde ya no las hay para continuar un año más echándolo de menos, escribiendo cosas inteligibles y otras no tanto, conmoviendome ante la enfermedad y la desesperanza, aterrándome con la muerte, buscando desesperadamente a Dios, jugando al golf cada vez más, cazando cada vez menos, haciendo el amor circunstancialmente, sufriendo los miedos y las penas en silencio, continuando solo, teniendo cerca a la familia y los amigos, manteniendo la pasión por los coches, haciendo grandes esfuerzos para no perder el equilibrio, intentando salvaguardar la dignidad, conviviendo con las viejas miserias, esperanzado con llegar pronto a ser abuelo, aburriéndome con los que nunca saben qué decir, haciendo promesas, exasperándome con las hipotecas, cabreándome con los estúpidos, riyéndome de mí mismo, queriéndome a mí mismo, rezando por los mios, odiando a casi nadie durante más de un día seguido, discutiendo inútilmente con mi madre, entusiasmándome con la fotografía, idolatrando al chocolate, pensando siempre en comer, llorando a veces en cualquier parte, sintiéndome incómodo con los que no conozco, acomodado en la resignación, no siendo menos que nadie, comprometido con el mantenimiento de la esperanza, viviendo, sobreviviendo y sobretodo repostando paciencias para poder continuar.

¡Un año más! "Dulce es la guerra para quienes no la han vivido". ¡Dispongámonos a vivirla por jodida que sea!

lunes, 29 de diciembre de 2008

El mundo patas arriba

Lo dijo no hace mucho Eduardo Galeano en TV: "El mundo está patas arriba". Los mares, a veces, están revueltos, encrespados, gruesos o amenazantes, pero nosotros, el mundo, estamos patas arriba. Cuando Galeano pronunció la frase sin duda la ilustró en su pensamiento con ese estado ridículo que adoptan las cucarachas antes de morir. Para darnos cuenta de ello no hay que haber pasado por la Universidad ni gozar del beneplácito de las arrugas, tan solo hay que estar en el mundo y mirar hacia cualquier lado: a derechas o a izquierdas, arriba o abajo, adentro o afuera de todos esos submundos que nos acogen a pesar de las dolorosas huellas que vamos dejando atrás. Nadie puede negar a estas alturas que estamos hechos del bien y del mal en una mezcla cuyas proporciones manejamos según nos deja la conciencia o nos aprieta la ambición, y que por tanto justo es hacer uso de ese inherente y dual espíritu que viaja desde siempre con nosotros, pero la responsabilidad del equilibrio, la lucidez básica para evitar la catástrofe y la propia conciencia de nuestra condición de seres superiores, están desapareciendo para dar paso a un nuevo horizonte, una emergente monstruosidad que se refleja dia a dia en el pensamiento y en las actuaciones individuales, colectivas o estatales. ¡Un nuevo orden mundial! parece ser el nuevo grito salvador que propugnan algunas sectas esotéricas y algunas otras gubernamentales. Sería parafraseando a Giuseppe di Lampedusa "dejar las cosas como están para que todo cambie", pero en este caso hemos sobrepasado ese pensamiento: "hay que desordenar todas las cosas para que vuelva el orden a algunos sectores, algunos países, o cuando menos, a algunos cortijos". Y ese parece ser el camino trazado por los que todo lo pueden, sin ser siquiera dioses, implicando a los menos poderosos en un continuo rechinar de dientes, en actitudes suicidas bajo el paroxismo de la iluminación, en lanzamientos de piedras y de cuchillos, y entre desastre y desastre, en millones de llantos que nadie escucha como música de fondo.
Ahora, en pleno siglo XXI, solo vale el resultado, la cuenta de explotación, los ratios de rendimiento que nos indican que somos más poderosos que los de al lado mientras éstos últimos se tiran desde las azoteas cuando toman conciencia de la desventaja. Y en medio del tumulto corre la sangre por casi todos los rincones de la Tierra, y el hambre y la miseria aniquila a los que llevan ya decenios revolcándose en su propia mierda. Pero ya estamos acostumbrados.¡Qué fácil resulta mirar hacia otro lado cuando la barbarie corre tan lejos y el frigorífico rebosa de alimentos!
Dulce bellum inexpertis! que dijo el poeta griego Píndaro cinco siglos antes de Cristo -dulce es la guerra para quienes no la han vivido-, y qué fácil es diseñarla desde los despachos donde jamás van a salpicar la sangre y las vísceras contra los cristales. En El nombre de la rosa los hombres mataban por un libro, y ahora, ocho siglos después casi nadie está a salvo de los efectos secundarios y devastadores que genera el dinero, el poder, o el odio entre los pueblos y las culturas. Países completamente arruinados por la corrupción y el tráfico de drogas, otros en la agonía de no tener ni agua ni alimento, otros en continua guerra por usurparle al vecino un puñado de bancales, las grandes multinacionales contaminando los acuíferos y desertificando los espacios verdes, y nosotros, los ciudadanos anónimos de a pie, pensando en como joder al que parece que pudiera hacernos sombra alguna vez. ¡La bellum internecinum! la guerra hasta la exterminación. ¡Mirad si no a los telediarios! Ayer volví a quedar sobrecogido viendo pedazos de cuerpos que aún se retorcían y se movían sobre el asfalto en la franja de Gaza en Israel, troncos aún suplicantes y niños con solo media cabeza en medio del aullido de unos padres que vivirán el resto de sus días clamando venganza. Una acción "ejemplarizante" según el Gobierno israelí con trescientos muertos de nada, asumida en plena correspondencia por el portavoz de la Casa Blanca. Aún así, los tiempos cambian y las esperanzas de los hombres se renuevan: el futuro Presidente Barak Obama ya tiene designados los tres nombres para la elección del que será el nuevo hombre en las relaciones entre Palestina e Israel, y los tres son judíos.
Alea iacta es, la suerte está echada que dijo Julio César, y bien echada.